sábado, 26 de junio de 2010

Un transistor de 7 átomos operativo

Consiguen un transistor funcional compuesto por siete átomos que es diez veces más pequeño que los comerciales.

Imagen de la plantilla del punto cuántico que muestra el agujero central donde van los siete átomos de fósforo. En la diagonal se aprecian los conectores que van al punto cuántico.

Hasta unas pocas décadas no habíamos visto los átomos. Sabíamos que existían, podíamos inferir su existencia pero no los podíamos ver directamente. Con la llegada de los microscopios electrónicos de cientos de kiloelectrón-voltios fue posible ver columnas de átomos y con los microscopios de fuerza atómica y efecto túnel fue posible palparlos y colocarlos donde quisiéramos. Han pasado ya 20 años desde que Don Eigler y Erhard Schweizer, del centro de investigación Almaden de IBM en San José, usaran un microscopio de efecto túnel para dibujar el logotipo de la compañía usando átomos individuales de xenón sobre una superficie de níquel. Es algo que Demócrito de Abdera ni siquiera era capaz de soñar.

Ahora, cuando estamos alcanzando los límites de la electrónica convencional de silicio empezamos a desarrollar la computación a escala prácticamente atómica. Recientemente científicos de University of Wisconsin-Madison y University of New South Wales han conseguido desarrollar un transistor compuesto por siete átomos. El descubriendo fue publicado en Nature Nanotechnology.

El transistor está formado por un punto cuántico de siete átomos de fósforo embebido en un cristal de silicio. Pese a su tamaño este punto cuántico actúa como un dispositivo electrónico, siendo el primero en su género. Puede ser utilizado en el control y regulación de pequeñas corrientes eléctricas al igual que los transistores convencionales. Este logro representa un paso más en la miniaturización hasta la escala atómica de procesadores más rápidos y poderosos.

Según Michelle Simmons, no solamente estamos moviendo átomos y mirándolos con microscopio, sino que estamos manipulando átomos individuales y colocándolos con precisión para realizar con ellos dispositivos electrónicos funcionales. El equipo de investigadores ha sido capaz de fabricar el dispositivo a partir de un cristal de silicio y colocar exactamente siete átomos de fósforo en el lugar deseado.Según este científico este logro tecnológico es un paso más hacia la demostración de que es posible la construcción del computador definitivo: un computador cuántico en silicio.

La tecnología para colocar átomos en una superficie con un microscopio de efecto túnel ha estado presente durante dos décadas, pero nadie hasta ahora habría sido capaz de hacer dispositivos de escala atómica capaces de procesar señales electrónicas procedentes del mundo macroscópico.
“Estamos comprobando los límites de cómo de pequeño puede ser un dispositivo electrónico”, dice Simmons. Las primeras computadoras ocupaban salas enteras, pero ahora tenemos sistemas computacionales que caben en la palma de la mano y cuyos componentes son 1000 veces más pequeños que el grosor de un cabello humano. Este proceso de miniaturización ha estado presente en los últimos 50 años, permitiendo aumentar el crecimiento económico en la economía global. Según Simmons, este último logro demuestra que el proceso puede continuar.

La meta principal de este equipo es crear un computador cuántico en silicio y este transistor demuestra que la tecnología para la fabricación a escala atómica acaba de llegar.

En la actualidad el tamaño de un transistor de puerta comercial, que permite al mismo actuar como amplificador o interruptor de corrientes eléctricas, mide unos 40 nanometros. Este transistor de 7 átomos mide 10 veces menos: sólo 4 nanometros.

En el artículo se exponen las posibilidades de esta tecnología y, aunque los investigadores añaden alguna nota de precaución al respecto, concluyen que la perspectiva de disponer de circuitos electrónicos, u otro tipo de dispositivos, a escala atómica es ahora un poco menos remota.

jueves, 27 de mayo de 2010

3Plast ofrece innovaciones


La Unión Europea ha concedido a un grupo de investigadores más de 2 millones de euros para que propongan soluciones innovadoras destinadas a sistemas de seguridad y protección así como interfaces hombre-máquina fáciles de usar y de coste asequible para las industrias europeas. El proyecto 3PLAST («Tecnología de sensores piroeléctricos y piezoeléctricos imprimibles en superficies grandes»), respaldado por el Séptimo Programa Marco (7PM), está trabajando en nuevos conceptos de sensores producidos mediante procesos de alto rendimiento para mercados de gran volumen.

3PLAST reúne desde 2008 a entidades científicas e industriales que colaboran para fabricar en serie sensores de presión y temperatura que puedan imprimirse en láminas de plástico con un coste bajo y acoplarse de manera flexible a una amplia gama de objetos cotidianos.

«El sensor en cuestión se compone de polímeros piroeléctricos y piezoeléctricos que ya se pueden procesar en grandes cantidades mediante serigrafía, por ejemplo», explicó el Dr. Gerhard Domann, del Instituto Fraunhofer para la Investigación de Silicatos (ISC), organismo coordinador del proyecto 3PLAST. «El sensor se combina con un transistor orgánico que refuerza la señal de aquél, y que lo hace en mayor medida al contacto con un dedo. Lo singular de nuestro sensor es que el transistor también se puede imprimir.»

Los socios del proyecto sacaron a relucir ciertas dificultades que pueden surgir durante la producción de sensores poliméricos. Por ejemplo, sólo pueden fabricarse transistores imprimibles cuando los materiales aislantes son muy finos, un obstáculo que han resuelto los investigadores del ISC al fabricar un aislante cuyo grosor es de apenas cien nanómetros. Según informan, ya se han imprimido en láminas los primeros sensores. En la actualidad el equipo científico trabaja en el desarrollo de transistores optimizados capaces de amplificar cambios rápidos de temperatura y presión.

«Al suministrar a objetos cotidianos información sobre su entorno, por ejemplo la proximidad de una persona, por medio de sensores de presión y temperatura, estamos en disposición de crear y comercializar nuevos dispositivos que se pueden controlar con tan sólo señalar con el dedo», indicó el Dr. Domann. «El proyecto finalizará en enero de 2011, pero opinamos que deberán pasar unos pocos años más hasta que los sensores se puedan imprimir en superficies grandes», añadió.

Los socios de 3PLAST consideran que esta tecnología también podrá aplicarse en el campo de la robótica y en industrias como la automoción y la construcción.

En el proyecto colaboran el Instituto Fraunhofer de Investigación Aplicada sobre Polímeros (Alemania), ASEM GmbH (Alemania), Festo AG & Co. KG (Alemania), Motorola (Alemania), Joanneum Research NMP (Austria), Acreo AB (Suecia), IEE SA (Luxemburgo), Johannes Kepler Universität Linz (Austria) y Emfit Ltd (Finlandia).

NOMFET: Un transistor que imita neuronas

Un equipo de investigación francés, compuesto por especialistas del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique) y de la CEA (Commissariat à l'Énergie Atomique), ha creado el primer transistor orgánico capaz de imitar el funcionamiento de las neuronas.
El dispositivo, que podría ser el primer paso para construir una nueva generación de ordenadores capaces de responder de una manera similar a la del cerebro humano, basa su funcionamiento en una propiedad neuronal llamada plasticidad, que le permite “aprender” de los estímulos externos que recibe.
Un grupo de científicos franceses ha creado el primer transistor orgánico capaz de comportarse de una forma parecida a la de una neurona biológica. En efecto, mientras que los transistores convencionales se comportan básicamente como llaves que permiten o no el paso de una señal, o como “amplificadores” cuya intensidad de salida depende de la de entrada, los nuevos dispositivos pueden modificar su comportamiento en función de los estímulos que recibe.
Construidos a partir de nanoparticulas de oro y moléculas de pentaceno, los nuevos NOMFET (Nanoparticle Organic Memory Field-Effect Transistor) basan su funcionamiento en una propiedad neuronal llamada plasticidad, que modula la percepción de los estímulos con el medio.
El equipo a cargo del desarrollo está formado por especialistas pertenecientes al CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique) y a la CEA (Commissariat à l'Énergie Atomique) de Francia.
“Básicamente, hemos demostrado que las cargas eléctricas que fluyen a través de una mezcla de un semiconductor orgánico y nanopartículas metálicas pueden comportarse de la misma manera que los neurotransmisores que se desplazan a través de una conexión sináptica en el cerebro”, explica Vuillaume Dominique, director de investigación del CNRS y del Grupo de Dispositivos y Nanoestructuras Moleculares del IEMN (Institute for Electronics Microelectronics and Nanotechnology).
Sus creadores suponen que el NOMFET podría dar paso a una nueva generación de ordenadores cuyo funcionamiento -en lugar de basarse en ceros y unos- funcione de forma similar a la de nuestro cerebro. El dispositivo imita la forma en la que los sistemas biológicos operan para crear nuevos “circuitos”, según puede leerse en el estudio publicado en la revista Advanced Functional Materials.
El secreto de su funcionamiento reside en las nanopartículas de oro recubiertas con pentaceno, materiales que juntos poseen una propiedad especial que le permite al NOMFET simular las funciones de las sinapsis.
El proceso de comunicación entre dos neuronas mediante la transmisión de impulsos eléctricos se denomina plasticidad, y puede verse como una especie de “efecto memoria”. Esta característica es la que permite a una neurona biológica “aprender” a asociar un estimulo que recibe con un estado particular de la salida. A medida que el proceso se repite una y otra vez, la neurona va optimizando su funcionamiento y cada vez es más eficiente generar una respuesta frente a un estímulo que ya conoce.
En realidad, el nuevo NOMFET no hace nada que un circuito electrónico más complejo no pueda hacer, sino que la innovación reside en que un solo componente hace todo el trabajo.
Hasta ahora, para imitar esta plasticidad, eran necesarios siete transistores CMOS (“complementary metal-oxide-semiconductor”), una de las tecnologías utilizadas masivamente para fabricar microprocesadores y memorias. Cuando se convierta en un dispositivo practico y disponible en grandes cantidades, el nuevo transistor orgánico permitirá construir una revolucionaria generación de ordenadores cuyo modo de funcionamiento se parecerá mucho al de un cerebro vivo.
Estas verdaderas “redes neuronales” basadas en los NOMFET podrán resolver problemas que a los ordenadores de silicio históricamente les han resultado difíciles de abordar, como el reconocimiento de imágenes o del habla humana.
Dominique explica que el cerebro humano contiene 10,000 veces más sinapsis que neuronas, lo que significa que si los científicos quieren desarrollar circuitos capaces de imitar el trabajo de nuestro cerebro necesitan desarrollar un dispositivo a nanoescala con un consumo de energía tan bajo como el de una sinapsis. “Esto ha impulsado la investigación de los dispositivos sinápticos a nanoescala”, señala Vuillaume.
“De hecho, ya hemos desarrollado redes neuronales y las hemos utilizado en algunas aplicaciones. Sin embargo, aunque los chips de silicio basados en CMOS se han diseñado y fabricado para emular el comportamiento del cerebro, este enfoque es limitado debido a que son necesarios varios transistores de silicio -al menos siete- para construir una sinapsis electrónica. En este caso, hicimos lo mismo con un único dispositivo”, concluye.
El especialista cree que el NOMFET puede “conducirnos a sistemas tan flexibles que puedan ser programados mediante el aprendizaje”. Si está en lo cierto, tu próximo ordenador quizás deba ser “educado” convenientemente antes de que lo puedas usar.

Hacia los Transistores Espintrónicos de Plástico

Unos físicos de la Universidad de Utah han conseguido controlar con éxito una corriente eléctrica usando el espín en los electrones. Este logro constituye un paso hacia la construcción de un "transistor de espín" orgánico: un interruptor semiconductor de plástico para los ordenadores ultraveloces y otros dispositivos electrónicos del futuro.
El estudio también sugiere que será más difícil de lo que se creía hacer diodos emisores de luz (LEDs) muy eficientes usando materiales orgánicos. Los resultados indican que tales LEDs no convertirían más del 25 por ciento de la electricidad en luz en lugar de en calor, contrariamente a las estimaciones anteriores del 63 por ciento.

Los semiconductores orgánicos o "LEDs de plástico" son mucho más baratos y fáciles de fabricar que los LEDs inorgánicos existentes, usados ahora en semáforos, fuentes de iluminación de algunos edificios, y como indicadores de encendido en ordenadores, televisores, teléfonos móviles, reproductores de DVD, módems, consolas de videojuegos y otros dispositivos electrónicos.
El estudio ha sido dirigido por Christoph Boehme y John Lupton, profesores de física en la Universidad de Utah.La noticia prometedora sobre los transistores de espín y la noticia aleccionadora sobre los LEDs orgánicos (OLEDs), son ambas el resultado de un experimento que fusionó la electrónica de los semiconductores orgánicos con la espintrónica, que es parte de la mecánica cuántica, la rama de la física que describe la conducta de las moléculas, los átomos y las partículas subatómicas.

Un átomo consta de un núcleo de protones y neutrones, y una coraza de electrones orbitando alrededor del núcleo. Además de la carga eléctrica, algunos núcleos y todos los electrones tienen una propiedad conocida como el "espín", que es como el momento angular intrínseco de una partícula. A menudo se describe el espín de un electrón como un imán en forma de barra que apunta hacia arriba o hacia abajo.

Los ordenadores y otros dispositivos electrónicos funcionan porque los electrones cargados negativamente fluyen a través de los circuitos conformando una corriente eléctrica. La información computerizada es reducida por los transistores a un código binario de unos o ceros representados por la presencia o ausencia de electrones en los semiconductores.
Los investigadores esperan desarrollar ordenadores aún más pequeños y rápidos usando el espín de los electrones así como su carga eléctrica, para almacenar y transmitir la información; el espín hacia arriba o hacia abajo de los electrones también puede representar a los unos y los ceros de la computación.
En el nuevo estudio, los investigadores han demostrado que la información puede transportarse por los espines en un polímero orgánico, y que es posible fabricar un transistor de espín.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Crean un nuevo polímero para semiconductores orgánicos

Transporta cargas positivas y negativas y optimiza el funcionamiento de los circuitos de polímeros orgánicos
Ingenieros de la Universidad de Washington han desarrollado un nuevo polímero que puede transportar cargas positivas y negativas, en lo que constituye un importante avance para el mundo electrónico, al poder fabricar dispositivos de doble carga más flexibles, baratos y delgados. Con el nuevo material se ha construido un transistor diseñado de la misma manera que un modelo de silicio, y los resultados evidencian que el sistema funciona a la perfección, siendo el mejor rendimiento registrado hasta el momento en un único componente de polímeros orgánicos semiconductores.

Los semiconductores orgánicos podrían ampliar sus horizontes con este nuevo desarrollo. Foto: Universidad de Washington.

Un grupo de ingenieros e investigadores de la Universidad de Washington ha desarrollado un nuevo polímero que puede transportar cargas positivas y negativas, en lo que sería un importante avance para el mundo electrónico, al poder fabricar dispositivos de doble carga más flexibles, baratos y delgados.

La mencionada tecnología ya se encuentra disponible en algunos gadgets, como el reproductor Zune HD de Microsoft o el último modelo del Sony Walkman, que incorporan elementos orgánicos de estas características. Sin embargo, hasta el momento la gran limitación de los circuitos construidos con materiales orgánicos es que solamente admiten el transporte de un tipo de carga eléctrica.



La investigación de la Universidad de Washington, de la que informa el mencionado centro en un comunicado de prensa, y cuyos resultados han sido publicados en la revista especializada Advanced Materials, ha logrado desarrollar un material que permite el flujo de cargas en ambos sentidos (positivo y negativo).
Los semiconductores orgánicos desarrollados durante los últimos 20 años han tenido un inconveniente importante: solamente transmiten las cargas positivas. En cambio, los semiconductores de polímero trabajados por el equipo que conduce el especialista Samson Jenekhe logran transmitir cargas positivas y negativas y, de esta manera, amplían los enfoques y aplicaciones disponibles para esta tecnología.

La gran ventaja del nuevo polímero es que permite trabajar con cargas positivas y negativas con un único dispositivo. Foto: Universidad de Washington.

Un nuevo camino abierto La investigación fue financiada por la National Science Foundation, el Departamento de Energía de los Estados Unidos y la Fundación Ford, además de contar con la colaboración de expertos de la Universidad de Kentucky. La pregunta que surge a la vista de sus resultados es: ¿podrán estos nuevos materiales destronar al silicio de su sitial en la industria de la electrónica?.

Por lo pronto, presentarían varios beneficios de importancia: el silicio es bastante más costoso y requiere de una fabricación más onerosa. Al mismo tiempo, y debido a su contextura cristalina rígida, no facilita demasiado su uso en dispositivos flexibles, mientras que los polímeros o plásticos sí cuentan con esa facilidad.
Desde que se descubrió hace 30 años que ciertos plásticos o polímeros pueden conducir electricidad, se abrió un nuevo camino en el escenario de la electrónica que recién hoy está dando sus primeros pasos hacia la mayoría de edad. Es que desde ese momento los investigadores han estado trabajando para hacer más eficientes a estos materiales, en un esfuerzo largo y no exento de complicaciones.
La realidad es que hoy ya se emplean materiales orgánicos o basados en el carbono en diferentes dispositivos electrónicos, como ordenadores portátiles, sistemas de audio en automóviles y reproductores de MP3. Pero la desventaja de la transmisión en un “único sentido” pone un tope (por lo menos hasta hoy) a este tipo de desarrollos.
Teniendo en cuenta esta desventaja de los semiconductores orgánicos, en la actualidad deben aplicarse todo tipo de procesos complejos para compensar esta situación. El trabajo de la Universidad de Washington permite demostrar que no es necesario utilizar dos semiconductores orgánicos por separado, sino que puede utilizarse un tipo de material capaz de crear circuitos electrónicos independientes con funcionamiento en ambos sentidos (cargas positivas y negativas).

Principales aplicaciones
De esta forma, el nuevo material permitiría la construcción de transistores orgánicos y el desarrollo de otra información de procesamiento de los dispositivos mediante métodos similares, en simpleza y rapidez, a los circuitos de modalidad inorgánica que se desarrollan actualmente en la industria.
El grupo de ingenieros e investigadores ha utilizado el nuevo material para construir un transistor diseñado de la misma manera que un modelo de silicio, y los resultados evidencian que el sistema funciona a la perfección, siendo el mejor rendimiento registrado hasta el momento en un único componente de polímeros orgánicos semiconductores.

Por ejemplo, los electrones viajan cinco a ocho veces más rápido a través del dispositivo de la Universidad de Washington que en cualquier otro transistor de polímeros similar o desarrollado con anterioridad. Al mismo tiempo, la ganancia de voltaje fue de dos a cinco veces mayor que la observada en dispositivos convencionales.
De acuerdo a los responsables de la investigación, este desarrollo abre un nuevo camino en el terreno de la electrónica con materiales orgánicos, siempre y cuando el enfoque del trabajo sea encarado correctamente y se continúe avanzando en la optimización de los polímeros en cuestión.

Crean el primer transistor orgánico que imita el funcionamiento de las neuronas

Se basa en una propiedad neuronal llamada plasticidad, que modula la percepción de los estímulos con el medio.

Un equipo de investigación francés ha creado un transistor orgánico que podría abrir paso a una nueva generación de ordenadores capaces de responder de una manera similar a la del cerebro. La gran innovación de este nuevo transistor, al que han bautizado como NOMFET (Nanoparticle Organic Memory Field-Effect Transistor), consiste en la combinación de un transistor orgánico, basado en moléculas de pentaceno, con nanopartículas de oro. Por Elena Higueras.
Científicos del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique) y de la CEA (Commissariat à l'Énergie Atomique) han desarrollado el primer transistor capaz de imitar la forma en la que los sistemas biológicos, como las redes neuronales, operan para crear nuevos circuitos electrónicos, según se explica en un comunicado del CNRS que recoge asimismo www.alphagalileo.org. El estudio ha sido publicado en la revista Advanced Functional Materials.
Un transistor es el elemento básico de un circuito electrónico. Se comporta como un interruptor (que transmite o no una señal), pero además puede ofrecer otras funcionalidades, como la amplificación de la misma. La gran innovación de este nuevo transistor, al que han bautizado como NOMFET (Nanoparticle Organic Memory Field-Effect Transistor), consiste en la combinación de un transistor orgánico, basado en moléculas de pentaceno, con nanopartículas de oro.
“Efecto memoria”
Las nanopartículas de oro, recubiertas con pentaceno, poseen una propiedad especial que les permite simular la función de una sinapsis, es decir, del proceso de comunicación entre dos neuronas, durante la transmisión de sus impulsos eléctricos. Esta particularidad, denominada plasticidad, consiste en una especie de “efecto memoria”. Es la responsable de que la neurona sea capaz de “aprender” a asociar el estímulo (la señal que recibe) con sus “consecuencias” (lo que debe que hacer cuando lo recibe). Así, la neurona va optimizándose poco a poco, de modo que necesita “trabajar” menos para generar la misma respuesta ante un estímulo que ya conoce.
La plasticidad consigue que el componente electrónico pueda evolucionar en función del sistema en el que se coloca. Hasta ahora, para imitar esta plasticidad, eran necesarios siete transistores CMOS (un tipo de tecnología usada para fabricar la mayoría de los circuitos integrados, como microprocesadores o memorias).
Este nuevo transistor orgánico abre camino a nuevas generaciones de ordenadores “neuro-inspirados”, capaces de responder de una manera similar a la del sistema nervioso. A diferencia de las computadoras de silicio, ampliamente utilizadas en informática de alto rendimiento, los ordenadores “neuro-inspirados”, podrán resolver problemas mucho más complejos, como el reconocimiento visual.
Dominique Vuillaume, investigador del Instituto de Electrónica, Microelectrónica y Nanotecnología del CNRS y uno de los autores del estudio, afirma que el objetivo de NOMFET es conducir a una “respuesta colectiva como la que puede proporcionar una red neuronal integrada por múltiples informaciones”, lo que daría lugar a “sistemas tan flexibles que puedan ser programados por aprendizaje”.

La primera imagen de los átomos de una molécula En agosto de 2009, científicos del laboratorio de IBM en Zúrich lograron visualizar por primera vez la imagen completa de los átomos de una molécula. Era el pentaceno, un tipo de compuesto orgánico con el que, meses más tarde, los investigadores del CNRS y de la CEA han conseguido crear el nuevo transistor NOMFET. El pentaceno fue “fotografiado” gracias a un Microscopio de Fuerzas Atómicas (AFM), que permite ver y manipular la materia a dicha escala. La captación de su imagen supuso un avance significativo en el desarrollo de la electrónica molecular. Sin duda, un paso más para aumentar las prestaciones de dispositivos electrónicos como ordenadores o teléfonos móviles.

Diabéticos “con suerte” dentro de lo que cabe

Nanohilos de silicio en el BioFET y su “secreto” químico. (c) IOP

La diabetes es una enfermedad crónica que padecen muchos (que padecerán muchos más en el futuro) que requiere un estricto control alimentario y medidas periódicas de los niveles de glucosa en sangre. Estas medidas son engorrosas para el enfermo. Un medidor continuo de glucosa podría ser la base del sistema microelectrónico de un “páncreas” artificial, que produjera insulina sólo cuando fuera necesaria. Avances recientes nos indican que esta posibilidad no se puede descartar en un futuro no muy lejano (si eres diabético, lo siento, esto puede tardar más de una década).
Se acaba de publicar el desarrollo de un nuevo tipo de sensor de glucosa nanotecnológico que utiliza nanohilos de silicio para medir en vivo y de forma continua la cantidad de glucosa en sangre [Mohanty's group, "Silicon-based Nanochannel Glucose Sensor," Appl. Phys. Lett. 92, 013903 (2008)]. El biosensor desarrollado por Raj Mohanty en la Universidad de Boston puede implantarse fácilmente en el paciente y puede sustituir a las medidas “gota a gota” de la glucosa. El nuevo sensor, que mejora sustancial nanosensores previos [Chen et al. "Silicon nanowires for high-sensitivity glucose detection," Appl. Phys. Lett. 88, 213104 (2006)] que tenían el gran inconveniente de que eran difíciles de fabricar con las tecnologías actuales (litografía de electrones) de fabricación de chips de silicio (como el Pentium que tienes en el ordenador en el que lees esto).

El nuevo nanosensor utiliza un conjunto de nanohilos (nanocanales) de silicio recubiertos del enzima glucosa-oxidasa que generan un efecto tipo transistor de efecto de campo (FET) biológico (BioFET) [ver la foto, arriba]. La glucosa-oxidas en cada nanohilo de unos 50-100 nanómetros de ancho y unos 6 micrometros de largo permite oxidar la glucosa en sangre mediante una reacción en dos pasos [ver la foto, arriba]. En el primer paso, una molécula de glucosa-oxidasa contiene dos moléculas de una forma oxidada del dinucleótido de flavina y adenina (FAD) que se reduce rápidamente con oxígeno produciendo peróxido de hidrógeno y restarando la forma no oxidada de dicho enzima. En el segundo paso, el polihidroxiácido gluconolactona esponténeamente se hidroliza a ácido glucónico generando un protón (ión de hidrógeno) que cambia localmente el pH de la solución. Los nanosensores son sensibles a dicho cambio de pH, que altera el potencial superficial de los nanohilos y genera un campo eléctrico que modula la conductancia del BioFET. Este efecto es fácilmente amplificado con tecnología estándard de silicio.

El nuevo nanosensor es biocompatible gracias a la tecnología utilizada (aunque todavía no se ha verificado este hecho con experimentos en animales, según Mohanty, actualmente en curso). El nuevo avance permitirá una incorporación más rápida en el mercado de este tipo de bio-nanosensores de glucosa [Belle Dumé, "Glucose sensor goes nano," nanotechweb.org, 2008] lo que hará más soportable la convivencia con la diabetes (especialmente para niños y ancianos).